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Entre la realidad y el sueño. Relato

Entre la realidad y el sueño. Relato.

Autor: (CC-BY-NC) Panta, 16 Nov. 2012

La policía cargó contra este hombre, José Manuel Rincón.

Un vehículo, en una vía semi-peatonal estrecha, paró ante la cantidad de gente que deambulábamos. Profiriendo quejas, inició la marcha de nuevo

poniéndome en peligro.José Manuel advirtió al conductor bravucón que era un lugar de preferencia peatonal. El hombre se envaneció contra la gente. Nadie lo tocó.

La policía no acudió a proteger a peatones integrantes de un piquete informativo, no. Sino que inmediatamente que se percibió de que había una discusión, se esmeró en apalearnos y derribar brutalmente a un buen hombre que había acudido en mi auxilio.

José Manuel Rincón tiene la sonrisa hermosa. Es educado, amable, cortés. Su barba suele rozar graciosamente la mejilla de sus amigos, porque antes besa que choca la mano. Trabaja en asuntos de comercio justo, sabe dirigirse a la gente con armonía. Es de ese tipo de personas a las que es fácil parar la conversación porque se deja cortar y deja a la gente hablar. Si yo fuera mujer, quisiera tener a mi lado un hombre que rebosara esa calidad humana. Es una persona alegre, centrada y amena.
El camarada Rincón está afiliado a un sindicato porque tiene el orgullo de saberse clase trabajadora y está comprometido así con su sociedad. A la vez, pertenece a asociaciones de solidaridad, promueve el movimiento cooperativo y milita en un partido de la izquierda apoyando al comité con su buen hacer en tareas de economía.

Si yo fuera mujer, quisiera que las manos que me acariciasen las mejillas fueran las de un hombre capaz de ser tan dulce con los hombres y tan valiente frente a la represión.

Íbamos de piquete informativo y Rincón entraba en las tiendas de tal forma que parecía que eran sus clientes a los que estuviera visitando para ofrecerles productos. Esa, la que exhibió ese día, es su habitual compostura.

Pero el delito de José Manuel Rincón -que venían buscando desde primeras horas de la mañana- apareció de pronto a las 11,30 h. cuando acudió en mi ayuda y no se humilló ante un miserable sádico vestido de faena que le quiso intimidar. Con completo aplomo conversó ante una pistola, una porra, unas esposas y unas botas de asestar puntapiés.

Mi vida fue puesta en peligro por un hombre cobarde. La policía le dejó marchar, nos propinó unos pocos golpes tanto a mí como a otras personas y a Rincón, la persona oportuna que acudió en mi defensa, la detuvo acusándola de atentar contra cuatro agentes.

Los suelos de los bancos son marmóreos como las tumbas de los ricos. Los pobres meten monedita a monedita en las libretas de ahorros para que el día de mañana los directivos hayan robado bastante y tengan su honesta jubilación.
Los ricos constructores ya no guardan fortunas en los bancos sino que las deben. A los pobres se les explica que existe un paraíso con evangelios made in paraísos.
Los piquetes sólo pueden circular por caminos prestados; nunca por los suelos acristalados de los bancos, eternos como las tumbas donde yacen importantes los importantes señores muertos.
Cuando un banco ya está demasiado podrido, no muere; hay otro banco que se encarga de él y lo acoge entre sus mármoles. Los bancos son muertos-vivos llenos de podridos-despiertos con muchas pérdidas y ganancias para pobres y ricos.
Las vías peatonales, el día de los piquetes informativos, se convierten en veredas autorizadas por donde cruzan los trabajadores y las trabajadoras; entre los puestos de tiro, en la montería para la gran fiesta de la represión.
La violencia viste uniforme, el descomedimiento está protegido, las armas lucen orgullosas ostentando el mayorazgo de la arbitrariedad.
Al llanto del pueblo se le califica de insulto mientras las mazmorras se habilitan como alojamiento para paliar los desahucios.
Los forenses, atónitos, desempolvan los viejos manuales de autolesión mientras diagnostican a los esbirros imperiales.
Los hijos y las hijas del ejército de la bestia, desnortados, consultan la interpretación de los sueños de Freud para saber si adquirirán un día tal grado de degeneración mientras clavan la mirada en la futura nómina que les espera si son buenos como su papá-poli-bueno, un papá que se gana la vida luchando contra la miseria que los pobres malos -dice él- se tienen ganada por malos como esos hombres a los que papá pega.

En la umbra del calabozo sólo distingues la visita enmascarada que se planta amenazante sobre ti porque antes habías tenido el valor de ponerte amable entre los débiles pero erguido ante los fuertes.

La nueva policía que traía la transición protege a su pueblo banquero-rico-bueno con el mismo método de golpes en las protestas que tenía la policía franquista.
Pero ahora tienen un sindicato. Y su mandamás también ejerce la crítica política contra los políticos que lideran las protestas.
Y el sindicato de los policía apaleadora también hace manifestaciones ellos cuando quieren protestar.
Los hijos de los policías no se atreven a ir al psiquiatra a contarle que tienen ADN de su padre y que desean vestirse de policías para ir a provocar a sus padres y pegarles, pegarles, pegarles…
Pegar, pegar, pegar…
Se quedan así toda la noche sin dormirse entre el ruido que producen en sus conciencias los golpes…
Golpes… Golpes… Golpes

Pegar, pegar, pegar…

Ahhhhh -El niño grita y despierta repentinamente. Acude su mamá y pregunta “¿Qué te pasa hijito?”.
Mamá -dice compungido- he soñado que yo pegaba mucho a papá. Mucho, mamá, mucho.
-No te preocupes, cariño -le acaricia su mamita.
Sí, mamá, pero ahora estoy despierto y … -De repente el niño vuelve a llorar-
Mamá ¿Dónde está mi papá el mejor poli del mundo?
-Hijo, hoy se ha ido antes, porque como les pagan poco han de manifestarse.

El niño sale corriendo hacia la ventana. Se asoma y dice gritando: “Soy hijo de un policía”. Y desesperado arroja su contradicción mental al vacío.

El sol termina de salir, entre la realidad y el sueño, y entra por la ventana. La vida de los poderosos continúa mientras maldicen a Freud, se adueñan de Darwin y propagan a Dios.

(CC-BY-NC) Panta, 16 Nov. 2012